Laguz...

Este blog tiene la intención de ser un baúl, una pequeña esquina en la inmensidad de internet en la que pueda mostrar lo que hay en mi...

martes, 29 de octubre de 2013

Luna estival

La Luna era menguante en la bóveda estival. Con curiosidad, y tal vez un poco de vergüenza, observaba desde su trono de nácar y marfil una noche más. Ella disfrutaba viendo el mundo cotidiano de aquellas pequeñas criaturas que poblaban a su hermana Gea. Desde muy lejos, conocía y observaba las vidas de las gentes, sus pasiones y sus muertes. Esa noche, su atención se centró en una pareja joven que se encontraban sentados cerca de los árboles, no muy lejos de un lago. Era ya tarde, pero ellos no parecían querer dormir y se los veía felices hablando y sonriéndose mutuamente. Le llamó la atención, que en un determinado momento la muchacha se desnudó, y empezó a estirar su cuerpo, como tratando de conectar con la energía que envolvía aquel lugar de ensueño. La Luna vio su cara de libertad y de felicidad, y como movía los brazos de manera que parecía danzar a pesar de estar sentada. Ella no podía liberarse del yugo que suponía su radiante trono, asique de algún modo conectó su energía con la de la joven e hizo que el acompañante de esta quedara maravillado con la esencia que desprendía. Vio que ambos se amaban, que sus miradas conectaban de un modo especial, por lo que decidió bendecir con su alba luz aquella unión que ella jamás experimentaría. 

lunes, 9 de septiembre de 2013

I

Son muchos los buenos momentos que he vivido desde el septiembre pasado. Momentos que me han hecho feliz y que no me importaría volver a vivir. Momentos como: Ragnarok. Perdidos en Embajadores. Paseos por Madrid. Lluvia de final de verano. Capricho. Tardes de abrazos. Noches de fiesta. Noches de dormir a tu lado. Comida china. Sonrisas, nervios y besos. Música. Películas. Conciertos. Lágrimas y más sonrisas. Buitrago. Ávila. Málaga. Granada. Espetos. Anunakis y ovnis. Mar. Montaña. Estrellas. Reencuentro. Achuchones. Besos…  

Un año juntos, que espero que sea el primero de muchos. Él me ha hechizado con su forma de ser, su alma de músico, su mentalidad racional y sus ojos verdes. Puede que no tengamos muchos gustos en común, pero conectamos. Aunque él sea más de Akira y Blade Runner y yo de Braveheart y El Rey León. Aunque él mire al firmamento y yo escarbe la tierra. 

Soy una sentimental, que le voy a hacer. A veces, sigo pensando que es un sueño, que no puede ser real… Pero entonces veo sus ojos y su sonrisa y sé que él está ahí.



Y ahora toca seguir adelante, seguir caminando y continuar escribiendo recuerdos juntos.

¿Por qué? 

Porque te quiero. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

Una pasión: la Arqueología.

¡Ala, que chulo, quieres ser arqueóloga, ¡como Indiana Jones/Lara Croft!”.
¿Y para qué sirve tu carrera? Eso no da dinero ni tiene salida laboral, ¿no?

Uno de los problemas de querer dedicarte a la arqueología o estudiar una carrera relacionada con ella, son este tipo de preguntas. Te las hace familia, amigos y hasta perros, y tú contestas con tu mejor cara. Debo reconocer que generalmente la gente de ciencias es muy respetuosa, al igual que otros estudiantes de letras. Yo creo que es porque todos sentimos empatía, ya que tanto las ciencias como las letras puras (filologías, historia, filosofía) tenemos tan poco futuro laboral en este país, que nos damos una especie de apoyo moral, a pesar del legendario pique entre ambas ramas. El caso, es que mi respuesta a estas preguntas suele ser: “¿Indiana Jones y Lara Croft? ¡Pero si esos ni se manchan!” o, la respuesta más corriente es: “Me apasiona lo que estudio, y disfruto estudiándolo. Sé que las posibilidades de dedicarme a ello son mínimas, pero al menos cuando sea cajera en un supermercado estaré orgullosa de haber dedicado mis años de universidad a estudiar algo que me gusta realmente”.

Por empezar por algo, comenzaré con la definición que la R.A.E. da al término arqueología: <<del griego ἀρχαιολογία. Ciencia que estudia lo que se refiere a las artes, a los monumentos y a los objetos de la antigüedad, especialmente a través de sus restos>>. Esta definición ya crea un conflicto: ¿Es la arqueología una ciencia? Uffff… tema escabroso donde los haya, pues unos dicen que sí y otros que no. Mi opinión es que sí y no. Sí, porque es necesario seguir un método científico, tanto a la hora de excavar como a la hora de estudiar los restos extraídos en dicha excavación.  Y no, porque por sí misma la arqueología es un estudio que debe apoyarse en muchas ciencias puras, desde la química y la física hasta la topografía y la geología, sin olvidar otros estudios de letras como son la filología clásica, la historiografía, la numismática… Así pues, ¿es la arqueología una ciencia? No tengo ni idea.

Como he dicho, la arqueología necesita un método científico muy estructurado, por ello es necesario recibir nociones básicas de arqueología en las aulas universitarias, porque si coges un pico y una pala y no sabes que, por ejemplo, hay que excavar por capas y no haciendo agujeros, probablemente te cargues el yacimiento. Además, en un aula es necesario aprender técnicas constructivas, tipos cerámicos o diversas formas de armas para tener una visión general de lo que tienes entre las manos, aunque cuando lo catalogues consultes en un manual (no podemos ser enciclopedias).

A pesar de las clases, la auténtica escuela de arqueología es un yacimiento, y los maestros los arqueólogos que están allí día tras día, además del sol, la tierra y el tremendo esfuerzo físico, ya que quema mucho (en todos los sentidos) estar varias horas al sol, pico o paletín en mano. Una vez un profesor nos dijo a una compañera y a mí que cuando él terminó la carrera había excavado en 20 sitios diferentes. Yo he tenido la suerte de poder excavar 5 años en un yacimiento muy especial para mí, la ciudad romana de Complutum (Madrid). Y he mandado currículos a otros yacimientos de fuera de Madrid, pero no he podido excavar en otros lugares, pues es mucha la demanda y poca la oferta. Cinco veranos excavando en un mismo yacimiento no parece mucho, pero compañeros míos han excavado en un yacimiento una sola vez o no han excavado… Como digo, la arqueología no es un camino de rosas.

¿Y si está tan mal. Por qué te dedicas a ello?” Sencillamente, porque disfruto del hecho de sentir el pasado en mis manos con ampollas, la ilusión de ir limpiando pequeñas superficies de terreno sin saber qué puedes encontrar y la ilusión casi infantil de haber descubierto un simple fragmento cerámico o una aguja de hueso para el cabello. Puede que un día no encuentres nada, pero a lo mejor al día siguiente debajo de tus pies aparezca un precioso mosaico o un muro de sillares.


La arqueología requiere pasión, dedicación y mucho esfuerzo. Requiere horas de estudio, tanto antes como después. Debes estar dispuesto a pasar días y días bajo el sol abrasador (aunque en mis últimos 2 años he estado en una cúpula) y llegar a tu casa con tierra hasta en la ropa interior y con la piel achicharrada (llega un momento que ni crema ni leches). Puede incluso que te salgan ampollas en las manos o que te hagas una herida con alguna herramienta. Pero todas estas “cosas malas” tienen una magnífica recompensa: Recuperar nuestro pasado para que sepamos quiénes fuimos algún día y como vivieron nuestros antepasados. 

martes, 3 de septiembre de 2013

Árbol (texto antiguo)

¿Has probado a hablar con los árboles? ¿Has intentado descubrir lo que sienten?

Los árboles son seres maravillosos, cargados de una energía muy especial y que revitaliza por completo. Son seres vivos y aunque no puedan comunicarse directamente, lo hacen.

Sufren, se quejan, son felices… su alma es una de tantas otras que existen en este mundo y en los otros…

Roza un árbol, siente su fuerza… si te aíslas del mundo podrás sentir cómo late la vida dentro de él, y si cierras los ojos un instante, descubrirás que, hasta a la corteza más áspera, puedes ponerle rostro…  

lunes, 2 de septiembre de 2013

¡He vuelto!

Llevo casi un año sin entrar aquí y ha llovido demasiado desde entonces. Bueno, llovido, nevado, tronado… Demasiadas cosas han sucedido y por suerte, ha ido todo a mejor, o casi todo.

Echaba de menos escribir algo aquí, en mi rincón. La verdad es que tampoco tengo mucho que decir, salvo que he hecho un poco de limpieza y he eliminado algunas entradas antiguas que ya no tienen sentido en mi vida. Al fin y al cabo esto es como un cuaderno y puedo arrancarle las hojas que quiera si ya no me gustan.

Este año ha sido estresante y agotador académicamente, pero bastante satisfactorio. Empiezo mi cuarto curso ahora, con el trabajo de fin de grado acechando (cuyo tema va a ser fascinante), pero con asignaturas muy interesantes. Tengo pendiente una de tercero, pero lo superaré. Y he vuelto a excavar y he disfrutado como nunca.

A nivel personal estoy feliz. Sí, creo que este año he sido feliz. Ha entrado alguien en mi vida que me hace sonreír cada vez que pienso en él o dice algo, que me completa. Después de (casi) un año todavía hace que me tiemblen las piernas cuando le veo y que el corazón me lata demasiado rápido, y sé que esa persona siente lo mismo. Sí, soy una romanticona empedernida.

Luego también he recuperado contacto con una personita que es muy especial para mí, y que por tonterías del destino nos distanciamos. Ahora hemos vuelto a mantener contacto, lo cual me alegra mucho. Otras amistades se han ido (por cabezonería) pero otras se han estrechado y van más allá de las cañas que te tomas un viernes noche o de las horas que pasas en la facultad.

En fin, poco más que decir. Voy a dejar un texto que escribí durante el viaje a Málaga que hice este mes de julio. Decir que Málaga me encantó: sus serranías, su Mediterráneo, sus comidas y sus pueblos llenos de historia. También pude recorrer en dicho viaje Granada, que todavía conserva esa belleza árabe que la hizo especial siglos atrás.

El cielo está salpicado por nubes tan blancas como el armiño, se me antojan suaves, con una disposición casi empedrada, semejante a un camino. De entre estas nubes, una es fina, casi un hilo. De no ser porque aun estoy en Madrid diría que es el horizonte que separa los mares del cielo. Un mar azul pálido, que resulta casi gélido a la vista, pero al tacto es otra cosa. Ese mar ha escrito la historia de múltiples civilizaciones y ha servido de nexo entre incontables culturas. Otro camino más, en vez de ser aire, es agua. Pero camino. Los caminos no son materiales, no se pueden tocar. Los caminos son las vidas de las personas y las culturas. Algo que se entrecruza con algo y genera una historia. Como dijo el poeta, la vida es camino.


27-7-2013

sábado, 13 de octubre de 2012

Madrid



La lluvia nocturna emborrona los contornos con los que se dibuja Madrid. Es parecido a lo que sucede cuando un pobre enamorado deja caer una lágrima sobre la carta que escribe para alguien que no le corresponde: la lágrima cae al papel, se fusiona a él y diluye con una asombrosa rapidez la tinta que había en ese lugar, dejando una mancha difusa en el lugar donde antes hubo una letra o palabra. Pero no es capaz de borrar lo que su dueño quiso decir. Es lo que sucede cuando la lluvia decide acariciar Madrid una noche de otoño. Las aristas de sus edificios se funden con el mar de asfalto grisáceo, mientras que las luces bailan a su antojo reflejándose en el suelo bañado por las aguas, un suelo que parece un espejo fragmentado en mil pedazos. Las luces otorgan al cielo un extraño color rojizo, que contrasta con la oscuridad de los que aman la noche. ¿Por qué no dejarse empapar mientras caminas envuelto por la magia de la luz y el agua? Madrid tiene una belleza artificial, desgastada y fría; pero eso es lo que hace de ella el lugar idóneo para besarse bajo la luz de una farola…

domingo, 23 de septiembre de 2012

Autumn



El frío que nace, la tímida lluvia que comienza a caer, las marchitas hojas que mueren y caen de los árboles... ¿Por qué el otoño debería ser una estación triste? Sólo por ser el precedente del invierno ya es especial. Huele a tierra, transmite calma. Caminar en silencio por cualquier lugar viendo como la naturaleza envejece y sintiendo como un viento cada vez más frío te roza la cara es, sin duda, inigualable. Las noches son más largas, el sol muere antes… todo está creado para que los engranajes del tiempo giren y el ciclo se complete. Y así, se llegará al frío invierno. El gris otoñal deja paso al blanco gélido del invierno, una época de historias junto al fuego, de sonidos lejanos y canciones ancestrales… Un momento en el que es más fácil soñar, amar y sonreír.